7.22.2011

Obra reciente de la escultora Laura Begoña

Inauguración del Taller Escultórico de Laura Begoña:
Obra Reciente Tótems
Por Carmen Rioja

"Tótem Sex", Foto: Archivo Laura Begoña
El taller escultórico de Laura Begoña abre sus puertas al público a partir del 30 de Julio de 2011 en la calle de San Juan, 12, en la Colonia San Antonio de San Miguel de Allende, donde se podrá ver el proceso de trabajo de la escultora, su obra reciente, Tótems, y una retrospectiva de sus esculturas. Las tribus urbanas y rurales contemporáneas participamos de la constante creación de signos míticos que nos identifican. El signo tiene funciones diversas, de pertenencia, de poder, de equivalencia. A lo largo de la historia el ser humano ha optado por las representaciones míticas para ejercer su deseo de sublimación, su deseo de conexión con lo sobrenatural, con lo omnipotente y con  aquéllos valores relacionados.    Un ejemplo  de este fenómeno de representación mítica es el Tótem originario de la tribu Ojibwa, en Norteamérica. La escultora Laura Begoña, experimenta en este campo recuperando el Tótem, dándole un sentido más universal a esta palabra y ya no sólo refiriéndose a aquéllos tótems de la tribu de Norteamérica. La artista trabaja desde la inteligencia intuitiva y realiza el hallazgo de los tótems de vigencia actual que han pasado inadvertidos, y propone otros, no sin cierto aire de sarcasmo y con visión de pitonisa, por si acaso eso serán los futuros signos de esta tribu a la que nos adscribimos los presentes seres humanos.
            El tótem representa virtudes, mitos, incluso puede evocar un tabú, significar la regla de la tribu o desbaratar al tabú en sí. Así vemos, en el caso de los falos monumentales, que fueron generalmente relacionados a una virilidad extraordinaria; representaciones animales sugieren fuerza descomunal; otros tótems están dedicados a espíritus mágicos, o bien, representan valores 
como la sabiduría, fertilidad, abundancia, etc.
            En el discurso escultórico de  la presente exposición, Laura Begoña aborda el tótem desde la realidad actual. Algunas de sus obras son de carácter cultural como el Tótem Hereje, otros de carácter universal como el Tótem Sex o el Tótem del Cosmos y otros más, aparecen a manera de deseo, de oración por ver si nos forjamos un futuro mejor como especie coexistente entre millones de seres vivos.  Así pareciera que sucede con el Tótem del Árbol del Muelle: obra que fusiona los muelles de un camión con la poética de la naturaleza. El tótem es signo, nos representa, nos conecta como seres sociales y nos conjuga, por ello comprende no sólo los atributos visuales y de la forma sino que necesariamente contiene elementos psíquicos que nos conectan con lo sobrenatural, con lo mágico a la vez que con las neurosis colectivas, como lo señalaba Freud en su trabajo Tótem y Tabú. Es decir que el tótem tiene la función no sólo de representar sino de actuar como agente mágico que nos conecta con lo no observable, con aquello que es y que somos sin que sea medible o verificable aún; y nos acerca a aquello que queremos ser, lo que está afuera de nosotros, con lo ulterior y a la vez con lo más inmediato pero profundo u oculto en el inconsciente colectivo. A la vez el tótem, con su cualidad de representar tabúes, puede señalar las neurosis de la sociedad. Por eso la intuición de la artista juega un papel primordial al descubrir y apuntar cuáles son los tótems contemporáneos signos de esta realidad globalizada.
            No es fortuito que encontremos un Tótem la Diosa del Maíz, tortillero-maíz que nos recuerde que el origen del hombre mesoamericano según la cosmogonía prehispánica es precisamente el maíz, pues según el Popol Vuh los hombres se habían hecho a partir de una mazorca. La escultora Begoña nos presenta este tótem traducido al lenguaje contemporáneo, hecho con prensas para la manufactura de tortillas, prensas que son resultado de la revolución industrial y que a pesar de ser modernas ya parecen estar desvaneciéndose en el tiempo y están siendo sustituidas por fábricas de tortillas.
            Encuentro que al experimentar la obra escultórica de Begoña, existe un espacio para la imaginación del espectador. Hay mucho que reflexionar sobre el lugar que ocupan hoy en día dentro del pensamiento universal, conceptos como el cosmos, el sexo, las migraciones. Laura Begoña nos ofrece un goce estético en la plástica que amalgama al recuperar artefactos de fierro viejo: para Laura Begoña son las piezas de un gran rompecabezas.
            El coctel de inauguración es la oportunidad ideal para disfrutar de esta exposición, que tendrá lugar de 1:00 pm a 3:00 pm en San Juan #12, Col. San Antonio, este 30 de Julio en San Miguel de Allende.

Invitación. Foto: Archivo Laura Begoña

6.14.2011

8.8 El Miedo en el Espejo: Juan Villoro en el Museo de Arte de Querétaro: Martes 21 de junio 20:00 hrs





El Miedo en el Espejo de Juan Villoro 


Hay instantes que nos sacuden y nos estremecen de tal modo que nos vemos obligados a analizar la realidad, nuestra circunstancia personal y hasta las circunstancias histórico-políticas de un momento dado. Así sucedió a millones de personas, entre ellos al escritor y cronista Juan Villoro, durante el terremoto en Chile sucedido en 2010. Porque el destino es caprichoso y se auto-determina según signos indescifrables, Juan Villoro había acudido a Santiago de Chile invitado por la Feria Internacional de Libro Infantil y Juvenil. Cuando sucedió el sismo, Villoro estaba en el hotel y vivió junto con cientos de huéspedes y miles de ciudadanos el intenso terror de esos instantes. Quizás los escritores mexicanos, que habían vivido el terremoto del 85 en Ciudad de México se asustaron más que otras personas que no tenían la experiencia previa de una tragedia sísimica de tales dimensiones. O quizás por lo mismo no tuvieron tanto miedo. Lo que es indudable es que a todos marca un hecho en el que se pierden tantos hogares. Juan Villoro comenzó  por escribir una crónica breve para el periódico Reforma y cartas para sus amigos en las que contaba su experiencia del suceso. No es inesperado, siendo escrito por Villoro, que este ejercicio literario resultara en una visión aguda y certera de la realidad. De tal modo que al reunir los textos, dieran pie a un libro en el que no sólo se narra el sismo de 8.8 en la escala de Ritcher sino que nos ofrece, como todas las crónicas de Villoro, un delicioso diagnóstico del mundo en el que vivimos aderezado con un notable sentido del humor, y que además indaga en la naturaleza humana puesta al descubierto bajo la lupa de las situaciones extremas. Los terremotos en Chile y en México hacen una suerte de espejo en el que los latinoamericanos nos veremos reflejados y quizás encontremos respuestas o mejores preguntas sobre nuestro comportamiento.



Editorial Almadía

Sinopsis

En la que sin duda es su crónica más emocionante, Juan Villoro cuenta cómo estuvo en condiciones de comparar la intensidad de dos de los terremotos más terribles que ha sufrido América Latina: el de 1985 en la ciudad de México y el de 2010 en Santiago de Chile. Convencido de que estos desastres deben contarse con la más representativa de las voces implicadas, Villoro tomó los relatos de sus compañeros de temblor y construyó un concierto de impresiones en el que no faltan el suspenso o el absurdo. Además de una arrebatadora narración coral sobre las distintas estrategias para sobrevivir el espanto, "8.8: el miedo en el espejo" recurre al ensayo, al relato y al testimonio de otros escritores que, como Kleist, han narrado terremotos verdaderos o ficticios a fin de descubrir la dimensión literaria de una realidad movediza.
Al otorgarle a Juan Villoro el Premio Internacional de Periodismo Rey de España a principios de 2010, el jurado destacó no sólo la calidad de la escritura, o la clarividencia en la elección del tema, sino las múltiples perspectivas plásticas, musicales, literarias, políticas y sociológicas "desde las que el autor ha analizado una realidad tan poliédrica". Saltando del espanto al humor de los testigos, el presente libro de Villoro renueva estas virtudes a la vez que busca averiguar cómo reacciona el ser humano cuando más teme por su vida."

5.18.2011

Exposición De Virginia Sahagún en El Aula de La Fábrica

La vida, la muerte y el recuerdo
Por Armando Arias


·         Exposición de Virginia Sahagún
·         El Aula de la Fábrica: martes 24 de mayo 7:00 pm



“Por medio de la pintura estoy haciendo un ritual propio, poniendo corazón, mano y creatividad, para hacer un homenaje a mis seres queridos que me han precedido en el viaje de la muerte”, expresa la Mtra. Virginia Sahagún con motivo de su exposición “La vida, la muerte y el recuerdo”, que será inaugurada el martes 24 de mayo a las siete de la noche en El Aula de la Fábrica, ubicado en Industrialización No.4, Álamos 2ª. sección.
En esta muestra, ofrece una interesante colección de pinturas realizadas a través de la técnica conocida como encáustica, que es un medio muy antiguo utilizado en los retratos de las momias en el Egipto greco-romano y que ha tenido un resurgimiento con maestros modernos.
La palabra encáustica viene de un vocablo griego que significa quemar. Se aplica una mezcla de ceras con pigmentos y después se funde en la superficie con calor. El resultado produce una gama de efectos en la superficie y una luminosidad de transparencia que es única y particular de este medio.
El tema que aborda la pintora no es ni remotamente fúnebre, por el contrario, es una oda a la vida y a la evocación: “Considero el recuerdo un elemento sumamente importante que permite que quienes nos han precedido en el último camino sigan en mi vida. Ellos, quienes nos han acompañado en nuestros momentos de fatiga, logros, angustia, esperanza, extravío y encuentro, cuando mueren dejan de estar con nosotros materialmente; sin embargo siguen vivos en nuestros recuerdos.
Los recordamos cuando logramos una meta que empezó con ellos; cuando pasamos por momentos difíciles y pensamos cómo lo hubieran resuelto ellos; cuando recordamos sus dichos que aludían a la transitividad de la vida.
Elegimos aquellos pensamientos que nos dan paz, consuelo y sabiduría y así convertimos lo que en un momento fue dolor en un recuerdo dorado que sana nuestras heridas. Estos recuerdos además se convierten en una herencia invaluable para nuestros hijos.”
Ya en el año 1999, la Mtra Sahagún presentó su primera exposición individual, titulada “Movimiento”, en  Le French Club, Bucarest, Rumania. En 2007 presentó “Naturaleza Mágica” en la Galería de la Librería Gandhi, Querétaro; en el 2008 “Curvas en Armonía” en la Galería Orgánica, Querétaro; en 2009 “Azar y Color” en el Hotel Jurica, Querétaro, mismo sitio donde en el 2010 ofreció “Fuego y Espirales”. Para este 2011 presenta “La vida, la muerte y el recuerdo” en el ‘Aula de la Fábrica’, como resultado del  trabajo asesorado por la maestra Carmen Rioja, dentro del taller Literatura y Arte Objeto.
La inauguración de la exposición “La vida, la muerte y el recuerdo”, se realizará el martes 24 de mayo, a las siete de la tarde en El Aula de la Fábrica.
http://armandoariasfotografo.blogspot.com



5.16.2011

Despacho Cultural Carmen Rioja

ZONA ARQUEOLÓGICA CAÑADA DE LA VIRGEN

La audio guía de la Zona Arqueológica Cañada de la Virgen en el Estado de Guanajuato está a disposición de todo público en este enlace. Si planean visitar pronto este sitio, les recomiendo que la bajen a su teléfono celular  o reproductor mp3 y que la lleven en su recorrido para que puedan disfrutar y comprender mucho más ampliamente el sitio, sus elementos arquitectónicos y jardines botánicos.
http://www.vamosaguanajuato.com/gto/esp/?mod=audioguias&do=canada

3.08.2011

Cuentos de La muerte Niña de Carmen Rioja

Comparto con ustedes uno de mis cuentos publicados en La Muerte Niña, libro de cuentos y relatos publicado en 2002 por el Hechicero Ediciones. Este libro me ha dado muchas sorpresas y gran satisfacción, pues muy temprano declaró su rebeldía y me dejó para inventar su propio camino. Supe de él que había llegado hasta Corea, o al menos una parte de él. Los vericuetos que sufren los libros como objeto son sorprendentes; el mío estaba un día en una librería Gandhi en Monterrey cuando le cayó en las manos a Giusseppe Solano, joven y muy talentoso director de cine. Giuseppe me encontró gracias al blog del programa de radio Sancho panza de Cabeza, donde la poetaYolanda Lacarieri , Jorge Coro y yo hacíamos de las nuestras en temas de literatura. http://sanchopanzadecabeza.blogspot.com/ El cuento La Casa de Chayo, fue adaptado a guión y dirigido por Giuseppe Solano. Ganó un premio de postproducción de IMCINE y llegó en formato de cine al Festival de Cortometraje de Corea, Bilbao, Huelva, Cannes, entre otros que ya no supe. Prometo un día subir el cuento original a este sitio. Por lo pronto, se puede escuchar una entrevista de radio con Giuseppe Solano, a cerca de este corto: http://www.youtube.com/watch?v=ItFYvqlzzts&feature=fvsr
  El libro también estuvo dentro de la frustrada megabiblioteca José Vasconcelos. Se vendió rápido en algunas librerías y acabó según me cuentan en librerías de viejo y hasta en puestos de chácharas usadas en las banquetas. Así fue como encontró a un lector generoso que transcribió algunos de los textos y los publicó en su blog  Gaterías http://felineconstruction.blogspot.com/ por lo que mucho quiero agradecer a Ricardo Bautista. Hoy les comparto éste que es uno de mis cuentos favoritos.

La Muerte Niña - Esos objetos verdes y húmedos [part 2]

Esos objetos verdes y húmedos
Por Carmen Rioja

A mi hijo le regalaron una en su cumpleaños. Él jugaría con ella por un tiempo para después olvidarla. Qué mente diabólica era capaz de regalar semejante preocupación. Era yo quien tendría la obligación y una tarea más que cumplir aunque no estuviera en condiciones de hacer un compromiso ni tuviera el tiempo para dedicárselo. Por ningún motivo me iba a hacer responsable de la criatura. Era preciso que la cuidara el niño. A la vez mi complejo de culpa amenazaba con provocarme una crisis si no me hacía cargo del pequeño dinosaurio.


Al día siguiente el reptil quelonio se llamó Renela; pensé que era más apropiado para una rana pero las tortugas y las ranas tienen sus semejanzas, especialmente hablando de tortugas de agua. Por eso me gustó el nombre. Si Renela iba a vivir con nosotros y yo quería cuidarla, tenía que asegurarme que tuviera el ambiente adecuado para sobrevivir. Recordé que mi hermana tenía tortugas de agua desde hacía tiempo. Pero como yo no era el responsable, le pedí a mi mujer que le llamara y averiguara si había una lista de instrucciones y cuidados que seguir.



Una piedra de calcio con forma de tortuga, exclusivamente agua de garrafón en su acuario, comida sólo dos veces a la semana(esto último me pareció muy conveniente); ah, y si de pronto notábamos que la tortuga no abría los ojos sería por que el agua era muy dura. En ese caso habría que medicarla, de otro modo la tortuga sería incapaz de ver el alimento y moriría de inanición.



Definitivamente no podía seguir mi vida. La cajita verde parecía como un terrible y muy húmedo problema. Ahora debía vigilar los ojos de la tortuga. No sé cómo, pero al segundo día Renela y su acuario fueron a parar a mi habitación, en el mueble que está entre la cama y la computadora donde trabajo. Le hice una isla con una piedra donde pudiera tomar el pedazo de sol que entraba por la ventana; cuando me acercaba verla se echaba graciosos clavados al agua. A ratos parecía observar el movimiento de mis manos. Cuando nos quedábamos solos en la casa, Renela y yo disfrutábamos juntos el silencio.



Sucedió que los parpados de Renela se pegaron. En adelante tuve que poner gotas medicadas dos veces al día en cada uno de sus microscópicos ojos, los cuales hubo que mantener abiertos para la correcta aplicación. Para saber a quién odiar, traté de imaginar la cara de la mamá que envió con su hija una complicación tan verde, pero nunca la había visto y no me pude formar una idea.



Una tarde se me ocurrió algo trágico, la tortuga podía sentirse sola. Estaba sola. Un cajón de plástico sin más que una isla de piedra. Ni una hoja, ni un espejo donde mirarse. La tortuga podría morir de tristeza: estaba completamente sola. En menos de dos días, me había decidido por comprarle un compañero. Al fin que tratándose de animalillos de cinco centímetros, no podía decir que dos quitaran mucho espacio o demasiado alimento. Tampoco que cuidar a dos sería mayor problema. En cambio, Renela sería feliz.



Así fue que visité al veterinario. Tenían cinco tortugas nadando junto a los peces. Escogí la más grande no sé por qué, tal vez porque era la que parecía haber vivido más tiempo, y por lo tanto mayores posibilidades de supervivencia., supongo. Sospeché en mí el miedo a la muerte. Tan pronto me entregaron la bolsa de plástico con el agua protectora, me dije que el animalito era mío y no de mi hijo como Renela. Le pondría un nombre de mi agrado. Una mascota para mí. Ea la primera, porque no recordaba haber tenido mascotas. Entonces se me ocurrió Cronopio, me pareció el nombre más encantador y desde luego el más apropiado para alguien con quien uno ha decidido encariñarse. Cronopio sería mi tortuga, si es que las tortugas pueden poseerse.



Cronopio llegó a la casa y conoció a Renela. Decidí cambiar el acuario de vuelta a la cocina donde el aire era más cálido, ahora estaba preocupado por el frío del otoño. En cuanto a las vi juntas me desilusioné tan pronto que daba tristeza. Cronopio era demasiado azul y ni tenía la franja naranja en el cuello, sino apenas una mancha amarillo nicotina. Además algo tenía Cronopio que no era tan simpática como Renela; para ser precisos, parecía que no me caía muy bien Cronopio. Pensé en que era una lástima que Cronopio fuera mi mascota en lugar de Renela siendo la segundo más agraciada, pero en ese caso Cronopio era un nombre desperdiciado en una tortuga antipática. Me arrepentí de gastar el nombre tan rápido, sin antes haber conocido mejor a la nueva tortuga. Cronopio, Cronopio, Cronopio. Después de un rato de observarlas, comencé a notar que Cronopio era mucho más nerviosa: a cualquier movimiento en el cuarto, Cronopio pataleaba como una loca y se daba de topes con la pared del acuario; además contagiaba a Renela de su nerviosismo. Les cambié el agua y les puse alimento, pero durante las dos horas en que la observé, Cronopio no comió y tampoco pareció acostumbrase a mi presencia. Estaba muy alterada. No debía juzgarla con tanta aspereza, debía considerar que Cronopio llevaba un tiempo viviendo en la veterinaria de un centro comercial a donde nunca llegaba un rayo de sol. Tal vez en un par de semanas se sentiría mejor.


Cronopio debió sentirse despreciada. Al día siguiente, al despertar, me acerqué al acuario a supervisar la temperatura del agua. No estaba ahí. Cronopio había desaparecido. Cuánto tiempo lograría sobrevivir sin agua. Era imperativo encontrala. Busqué por todos los rincones de la cocina. Detrás del microondas, debajo del mantel, en los cajones. Pudo caer en el cesto de la basura porque estaba muy junto de la barra de la cocina. Busqué entre los desperdicios de fruta, huevo y cáscaras de papas apestosas, sentí cosquillas en la mano y de un salto atrás me alejé tres metros, imaginé una cucaracha, pero no podía dejar inconclusa la búsqueda en el cesto: vacíe el contenido en el piso de la cocina y examiné pedazo por pedazo hasta la última porción. No la encontré. Tal vez el caparazón de Cronopio había estallado al golpear con el piso. Me hinqué y con na linterna apunté hacia los rincones que se formaban detrás de la estufa. El piso estaba lleno de pelusas y casi no podía ver. Busqué detrás y abajo del refrigerador. Era posible que estuviera atorada con un cable o con la tubería del gas. De rodillas, me fui a la sala, porque quizás había avanzado. Abajo de los sillones sólo había juguetes, un zapato, una batería doble a y el bolígrafo que perdí hace tres meses. Pasé horas en la misma postura, recorriendo la sala y la cocina, no busqué arriba porque una tortuga no puede escalar. Pero sí podía rodar por las escaleras hacia el sótano, donde sería imposible encontrarla. De todas formas bajé , miré atrás de las puertas, encontré sólo arañas. Anduve arrastrando muebles, cajas, trapos, discos viejos con el temor de que me saliera un alacrán o una viuda negra y por accidente me picaran. Una telaraña se enredó en mi pelo, manoteé para zafarme. Imaginé una araña encima de mí, sentí comezón en la espalda, piquetes en la pierna.


Han pasado tres días ya y Cronopio no aparece. Mañana saldré de viaje; me voy con la angustia de no haberla encontrado. Para colmo, Renela no se ha movido de una esquina y no sale a comer. Casi no la he visto salir a respirar y cuando meto la mano tampoco se mueve, debe estar triste, es como si fuera viuda. No puedo hacer nada sino esperar. Sólo espero encontrar a Renela viva cuando regrese.



Lo primero que hice al volver a casa fue ir a ver a Renela. Ha sobrevivido pero sigue triste. Compré una tortuga de plástico para que se sienta feliz. Es casi de su mismo tamaño; la encontré un una juguetería cuando comprábamos un rompecabezas para Pablo. Se la puse en su acuario ayer en la mañana. Es del mismo color que Renela. Pero no se mueve y Renela no se le acerca. Una idea terrible se me apareció esta mañana: que Renela podría interpretar uqe la tortuga de plástico es una tortuga muerta porque no se mueve ni come o sale a respirar. Qué pensaría entonces Renela. Si la de plástico es la única tortuga que conoce y ésa esta muerta, entonces puede creer que todas las tortugas de su universo están muriendo y sospechara un destino similar para ella misma. Entonces Renela morirá pronto a consecuencia de esta noción y por imitación de comportamiento. Encima de todo, Renela ha estado muy quiera y al ver a la otra tortuga tan quierta no puede más que imitarle. Pronto mi Renela dejará de respirar.



Corrí a sacar la tortuga de plástico. Luego hice una segunda búsqueda exhaustiva. Como que presentía un Cronopio por los rincones. Los cronopios no desaparecen por completo: no se les ve, no se les tiene pero están allí. Lo que me dolía era que no terminaba, que el círculo no se cerraba, que no había silencio. La incertidumbre, el extravío eran más angustiantes que el conocimiento de una muerte. Pienso en los niños perdido que aparecen en los cartones de leche. Tiene razón aquél que me dijo: alguien debiera decirle a esos padres que su hijo está muerto, por caridad, alguien debía presentarles un cuerpo irreconocible, decirles, ése es su hijo, no lo busque más, ya puede llorar su muerte. Pero la constante espera, la incertidumbre, la duda misma, era insoportable. Al menos muerta pero debo encontrar a Cronopio. No sé si debiera comprar otra tortuga, pero temo perderla también. Además no podría llamarla Cronopio, porque ni siquiera sé si Cronopio vive. No podría resolver porque Cronopio es en sí un enigma. No podría llamar a otra tortuga Cronopio pues qué pasaría si el primer Cronopio apareciera. Además quizá al llamar así a una segunda tortuga estaría condenándola a un destino ya marcado, como el del primer Cronopio, entonces la segunda se perdería igual que la primera, yo compraría un tercer Cronopio y esto sería una carrera infinita. Pronto estaríamos llenos de Cronopios extraviados, cientos de Cronopios emergerían de la alfombra, de la basura, del excusado, nunca podríamos saber al encontrarlos qué número de Cronopio encontramos y por eso en realidad ningún Cronopio sería encontrado jamás. Tal vez el error fue precisamente llamarla Cronopio. Hasta donde recuerdo los cronopios eran seres rebeldes, desordenados. Así son los cronopios. Yo le di el nombre. Sin tan sólo hubiera dejado a un lado mis pretensiones literarias y la hubiera nombrado sencillamente Tortuga, nada de esto ocurriría. Pero quise llamarla Cronopio y no sólo eso, sino que en el fondo soñaba con que su pequeña cantidad de materia hiciera tangible la esencia del cronopio. Y ahora es cierto: se ha materializado o mejor dicho antimaterializado en cronopio.



Para entender lo que está pasando, anoche releí a Cortázar. Nunca me hubiera sospechado cuánto me ha traicionado el inconsciente pues no recordaba que decía "Los cronopios vinieron furtivamente, esos objetos verdes y húmedos". Y más adelante: "Si todavía los cronopios (esos verdes, erizados, húmedos objetos) / anduvieran por las calles, se podría evitarlos / con un saludo: —Buenas salenas cronopios cronopios". Entonces supe; supe cúan equivocado estaba. Era evidente que el Cronopio se iría, que el Cronopio sería todo tristeza verde. Luego sigue "Yo tengo n reloj con menos vida, con menos casa y menos acostarme, y soy un cronopio desdichado y húmedo". Si tan sólo le hubiera puesto Fama, además de ser femenino, porque también dice"Los cronopios, en cambio, esos seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos, y ellos andan en medio y cuando pasa corriendo uno, lo acarician con suavidad y le dicen: 'No vayas a lastimarte', y también: 'Cuidado con los escalones' ". Y precisamente eso es lo que he encontrado y lo que molesta como cuchillo de palo: el cronopio no se va de cierto, no acaba de irse, se queda transparente y ahueca el alma. Lo busco por los rincones para que me susurre al oído y diga que sigue verde. Pienso en las madres que se vuelven locas cuando pierden un hijo. Insisto en que al extravío es peor que la noción de muerte. El extravío se contagia.



Han pasado tres meses ya. Anoche tuve una idea cuando le conté a Guillermo la historia de Cronopio. Y entonces él, para compartir, contó la historia de Humphry y cómo después de perdido por seis meses apareció. Él hizo lo mismo en un periódico de circulación nacional y le funcionó, a mí también podría darme resultado. Hice veinte letreros diminutos que dicen: "Se busca objeto verde y húmedo de cinco centímetros, responde al nombre de Cronopio, se dará recompensa en especie: queso, carne, pan, etc." Los coloqué por toda la casa, en los rincones más visitados por los bichos. Olvidé incluir a las arañas, pero ya estoy escribiendo uno que dice: "También se darán moscas".



Yo busco en sueños extraviados por callejones oníricos que desconozco. Casi siempre en ellos huelo cosas verdes como algas, cosidad verde y húmeda que nunca alcanzo. Pero de día es peor porque la cosidad la tengo por dentro. Algunos insectos devoran una parte de su prole para asegurar la supervivencia de los otros. Me pregunto si es posible que me haya tragado a Cronopio y ahora mismo está siendo parte de mis pulmones y de la queratina de mis uñas. Hablamos de un quelonio, de un reptil. Somos parte reptil y parte mantis religiosa. Somos Cronopio, cosidad verde y húmeda. "No vayas a lastimarte." "Cuidado con los escalones."

5.23.2010

De la Efímera Victoria al Desmembramiento





TROFEISMOS: De la Efímera Victoria al Desmembramiento
Por Carmen Rioja


“El suicida esfuerzo de todas las cosas por perder su identidad, el derrumbe de lo erguido, el desvencijamiento de las formas, la ceniza del fuego.”
Amado Alonso

En la reciente exposición de la obra de la escultora contemporánea Laura Begoña encontramos una pieza que merece nuestra reflexión. La obra consiste en un ejercicio de Objeto Encontrado, a la manera de Marcel Duchamp. Esta pieza forma parte dentro de una colección de trofeos desvaídos, que la artista rescató de los basureros, como arqueóloga de lo inmediato. Llama la atención una de sus obras, en la cual Begoña establece una provocación mediante la repetición de figuras de “La Victoria”, inspiradas en la tradición griega de la diosa de la victoria Niké, una diosa alada y con el don de la velocidad. Una de las más conocidas representaciones de Niké es La Victoria Alada de Samotracia. Begoña forma una composición de Victorias aladas con brazos triunfantes; algunas sostienen corona de laureles. Estas figuras, enmarcadas en conjunto, están fundidas en metal y van desde una manufactura de interesante calidad, pasando por algunas que son sin duda copias de copias burdas de viejos trofeos, hasta las figurillas ya erosionadas o desmembradas en las que se adivina una época de mayor esplendor pero que ha quedado en el pasado. En esta obra el tema ineludible de la victoria -aunado al visible deterioro que el tiempo ha causado en ellas- obliga a varios cuestionamientos. ¿A dónde va a dar la gloria del ganador después de tanto esmero y paciente dedicación? Años de lucha y tenacidad son coronados en un efímero instante con un trofeo de estética aleatoria y material dudoso. Hay una enorme industria del trofeo de modo que estos objetos tienen un destino de tragedia griega. Tarde o temprano el trofeo, -después de ser objeto de deseo-, será devaluado por completo y no habrá victoria que sobreviva ni ganador que no acabe olvidado y desmembrado de su propio triunfo. Fuera del ámbito de las Olimpiadas y competencias nacionales, en el mundo genérico, los trofeos son de fierro, de aluminio, de antimomio y hasta de plástico y son una imitación del oro que en la mayoría de los casos es burda y desafortunada; encima, como puntualmente los llama la artista, son Tro-feismos si no es que trofeísimos y difícilmente reflejan la consumación de un logro que ha sido tan caro para aquél que lleva años de competencia consigo mismo, en una lucha por superar una marca en el desarrollo del ser humano. Sólo los triunfadores máximos se llevan el auténtico oro. Irónicamente ni los medallistas olímpicos son inmunes al desvencijamiento de todas las cosas; debido a que estos trofeos están hechos de metales con algún valor comercial acaban en centros de reciclaje. Laura Begoña ha sacado de contexto estos objetos y los presenta a manera de una reflexión interesante. El mercado es despiadado y la victoria termina en el basurero, de donde la artista ha hecho el hallazgo de estos desmembrados de la sociedad. En esta sociedad no hay duda de que ahí van a dar los campeones futbolistas cuando son viejos, los triunfadores irremediablemente caídos, no por demérito sino por acción implacable de tiempo, del olvido.
Quizás haya que reciciclar, además del antimonio, el aluminio, el bronce, también los laureles de la victoria, los brazos del tenista, las piernas de los futbolistas y las cabezas de los estudiantes meritorios.



El Arca de AI, 16 y 23 de noviembre

 ¡Participa! El Centro de las Artes, la Secretaría de Cultura del Estado de Querétaro y Talleres Barracuda Te invitan ¡El Arca de AI! Ciclo ...