5.23.2010

De la Efímera Victoria al Desmembramiento





TROFEISMOS: De la Efímera Victoria al Desmembramiento
Por Carmen Rioja


“El suicida esfuerzo de todas las cosas por perder su identidad, el derrumbe de lo erguido, el desvencijamiento de las formas, la ceniza del fuego.”
Amado Alonso

En la reciente exposición de la obra de la escultora contemporánea Laura Begoña encontramos una pieza que merece nuestra reflexión. La obra consiste en un ejercicio de Objeto Encontrado, a la manera de Marcel Duchamp. Esta pieza forma parte dentro de una colección de trofeos desvaídos, que la artista rescató de los basureros, como arqueóloga de lo inmediato. Llama la atención una de sus obras, en la cual Begoña establece una provocación mediante la repetición de figuras de “La Victoria”, inspiradas en la tradición griega de la diosa de la victoria Niké, una diosa alada y con el don de la velocidad. Una de las más conocidas representaciones de Niké es La Victoria Alada de Samotracia. Begoña forma una composición de Victorias aladas con brazos triunfantes; algunas sostienen corona de laureles. Estas figuras, enmarcadas en conjunto, están fundidas en metal y van desde una manufactura de interesante calidad, pasando por algunas que son sin duda copias de copias burdas de viejos trofeos, hasta las figurillas ya erosionadas o desmembradas en las que se adivina una época de mayor esplendor pero que ha quedado en el pasado. En esta obra el tema ineludible de la victoria -aunado al visible deterioro que el tiempo ha causado en ellas- obliga a varios cuestionamientos. ¿A dónde va a dar la gloria del ganador después de tanto esmero y paciente dedicación? Años de lucha y tenacidad son coronados en un efímero instante con un trofeo de estética aleatoria y material dudoso. Hay una enorme industria del trofeo de modo que estos objetos tienen un destino de tragedia griega. Tarde o temprano el trofeo, -después de ser objeto de deseo-, será devaluado por completo y no habrá victoria que sobreviva ni ganador que no acabe olvidado y desmembrado de su propio triunfo. Fuera del ámbito de las Olimpiadas y competencias nacionales, en el mundo genérico, los trofeos son de fierro, de aluminio, de antimomio y hasta de plástico y son una imitación del oro que en la mayoría de los casos es burda y desafortunada; encima, como puntualmente los llama la artista, son Tro-feismos si no es que trofeísimos y difícilmente reflejan la consumación de un logro que ha sido tan caro para aquél que lleva años de competencia consigo mismo, en una lucha por superar una marca en el desarrollo del ser humano. Sólo los triunfadores máximos se llevan el auténtico oro. Irónicamente ni los medallistas olímpicos son inmunes al desvencijamiento de todas las cosas; debido a que estos trofeos están hechos de metales con algún valor comercial acaban en centros de reciclaje. Laura Begoña ha sacado de contexto estos objetos y los presenta a manera de una reflexión interesante. El mercado es despiadado y la victoria termina en el basurero, de donde la artista ha hecho el hallazgo de estos desmembrados de la sociedad. En esta sociedad no hay duda de que ahí van a dar los campeones futbolistas cuando son viejos, los triunfadores irremediablemente caídos, no por demérito sino por acción implacable de tiempo, del olvido.
Quizás haya que reciciclar, además del antimonio, el aluminio, el bronce, también los laureles de la victoria, los brazos del tenista, las piernas de los futbolistas y las cabezas de los estudiantes meritorios.



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