La audio guía de la Zona Arqueológica Cañada de la Virgen en el Estado de Guanajuato está a disposición de todo público en este enlace. Si planean visitar pronto este sitio, les recomiendo que la bajen a su teléfono celular o reproductor mp3 y que la lleven en su recorrido para que puedan disfrutar y comprender mucho más ampliamente el sitio, sus elementos arquitectónicos y jardines botánicos.
http://www.vamosaguanajuato.com/gto/esp/?mod=audioguias&do=canada
5.16.2011
3.08.2011
Cuentos de La muerte Niña de Carmen Rioja
Comparto con ustedes uno de mis cuentos publicados en La Muerte Niña, libro de cuentos y relatos publicado en 2002 por el Hechicero Ediciones. Este libro me ha dado muchas sorpresas y gran satisfacción, pues muy temprano declaró su rebeldía y me dejó para inventar su propio camino. Supe de él que había llegado hasta Corea, o al menos una parte de él. Los vericuetos que sufren los libros como objeto son sorprendentes; el mío estaba un día en una librería Gandhi en Monterrey cuando le cayó en las manos a Giusseppe Solano, joven y muy talentoso director de cine. Giuseppe me encontró gracias al blog del programa de radio Sancho panza de Cabeza, donde la poetaYolanda Lacarieri , Jorge Coro y yo hacíamos de las nuestras en temas de literatura. http://sanchopanzadecabeza.blogspot.com/ El cuento La Casa de Chayo, fue adaptado a guión y dirigido por Giuseppe Solano. Ganó un premio de postproducción de IMCINE y llegó en formato de cine al Festival de Cortometraje de Corea, Bilbao, Huelva, Cannes, entre otros que ya no supe. Prometo un día subir el cuento original a este sitio. Por lo pronto, se puede escuchar una entrevista de radio con Giuseppe Solano, a cerca de este corto: http://www.youtube.com/watch?v=ItFYvqlzzts&feature=fvsr
El libro también estuvo dentro de la frustrada megabiblioteca José Vasconcelos. Se vendió rápido en algunas librerías y acabó según me cuentan en librerías de viejo y hasta en puestos de chácharas usadas en las banquetas. Así fue como encontró a un lector generoso que transcribió algunos de los textos y los publicó en su blog Gaterías http://felineconstruction.blogspot.com/ por lo que mucho quiero agradecer a Ricardo Bautista. Hoy les comparto éste que es uno de mis cuentos favoritos.
La Muerte Niña - Esos objetos verdes y húmedos [part 2]
Esos objetos verdes y húmedos
Por Carmen Rioja
A mi hijo le regalaron una en su cumpleaños. Él jugaría con ella por un tiempo para después olvidarla. Qué mente diabólica era capaz de regalar semejante preocupación. Era yo quien tendría la obligación y una tarea más que cumplir aunque no estuviera en condiciones de hacer un compromiso ni tuviera el tiempo para dedicárselo. Por ningún motivo me iba a hacer responsable de la criatura. Era preciso que la cuidara el niño. A la vez mi complejo de culpa amenazaba con provocarme una crisis si no me hacía cargo del pequeño dinosaurio.
Al día siguiente el reptil quelonio se llamó Renela; pensé que era más apropiado para una rana pero las tortugas y las ranas tienen sus semejanzas, especialmente hablando de tortugas de agua. Por eso me gustó el nombre. Si Renela iba a vivir con nosotros y yo quería cuidarla, tenía que asegurarme que tuviera el ambiente adecuado para sobrevivir. Recordé que mi hermana tenía tortugas de agua desde hacía tiempo. Pero como yo no era el responsable, le pedí a mi mujer que le llamara y averiguara si había una lista de instrucciones y cuidados que seguir.
Una piedra de calcio con forma de tortuga, exclusivamente agua de garrafón en su acuario, comida sólo dos veces a la semana(esto último me pareció muy conveniente); ah, y si de pronto notábamos que la tortuga no abría los ojos sería por que el agua era muy dura. En ese caso habría que medicarla, de otro modo la tortuga sería incapaz de ver el alimento y moriría de inanición.
Definitivamente no podía seguir mi vida. La cajita verde parecía como un terrible y muy húmedo problema. Ahora debía vigilar los ojos de la tortuga. No sé cómo, pero al segundo día Renela y su acuario fueron a parar a mi habitación, en el mueble que está entre la cama y la computadora donde trabajo. Le hice una isla con una piedra donde pudiera tomar el pedazo de sol que entraba por la ventana; cuando me acercaba verla se echaba graciosos clavados al agua. A ratos parecía observar el movimiento de mis manos. Cuando nos quedábamos solos en la casa, Renela y yo disfrutábamos juntos el silencio.
Sucedió que los parpados de Renela se pegaron. En adelante tuve que poner gotas medicadas dos veces al día en cada uno de sus microscópicos ojos, los cuales hubo que mantener abiertos para la correcta aplicación. Para saber a quién odiar, traté de imaginar la cara de la mamá que envió con su hija una complicación tan verde, pero nunca la había visto y no me pude formar una idea.
Una tarde se me ocurrió algo trágico, la tortuga podía sentirse sola. Estaba sola. Un cajón de plástico sin más que una isla de piedra. Ni una hoja, ni un espejo donde mirarse. La tortuga podría morir de tristeza: estaba completamente sola. En menos de dos días, me había decidido por comprarle un compañero. Al fin que tratándose de animalillos de cinco centímetros, no podía decir que dos quitaran mucho espacio o demasiado alimento. Tampoco que cuidar a dos sería mayor problema. En cambio, Renela sería feliz.
Así fue que visité al veterinario. Tenían cinco tortugas nadando junto a los peces. Escogí la más grande no sé por qué, tal vez porque era la que parecía haber vivido más tiempo, y por lo tanto mayores posibilidades de supervivencia., supongo. Sospeché en mí el miedo a la muerte. Tan pronto me entregaron la bolsa de plástico con el agua protectora, me dije que el animalito era mío y no de mi hijo como Renela. Le pondría un nombre de mi agrado. Una mascota para mí. Ea la primera, porque no recordaba haber tenido mascotas. Entonces se me ocurrió Cronopio, me pareció el nombre más encantador y desde luego el más apropiado para alguien con quien uno ha decidido encariñarse. Cronopio sería mi tortuga, si es que las tortugas pueden poseerse.
Cronopio llegó a la casa y conoció a Renela. Decidí cambiar el acuario de vuelta a la cocina donde el aire era más cálido, ahora estaba preocupado por el frío del otoño. En cuanto a las vi juntas me desilusioné tan pronto que daba tristeza. Cronopio era demasiado azul y ni tenía la franja naranja en el cuello, sino apenas una mancha amarillo nicotina. Además algo tenía Cronopio que no era tan simpática como Renela; para ser precisos, parecía que no me caía muy bien Cronopio. Pensé en que era una lástima que Cronopio fuera mi mascota en lugar de Renela siendo la segundo más agraciada, pero en ese caso Cronopio era un nombre desperdiciado en una tortuga antipática. Me arrepentí de gastar el nombre tan rápido, sin antes haber conocido mejor a la nueva tortuga. Cronopio, Cronopio, Cronopio. Después de un rato de observarlas, comencé a notar que Cronopio era mucho más nerviosa: a cualquier movimiento en el cuarto, Cronopio pataleaba como una loca y se daba de topes con la pared del acuario; además contagiaba a Renela de su nerviosismo. Les cambié el agua y les puse alimento, pero durante las dos horas en que la observé, Cronopio no comió y tampoco pareció acostumbrase a mi presencia. Estaba muy alterada. No debía juzgarla con tanta aspereza, debía considerar que Cronopio llevaba un tiempo viviendo en la veterinaria de un centro comercial a donde nunca llegaba un rayo de sol. Tal vez en un par de semanas se sentiría mejor.
Cronopio debió sentirse despreciada. Al día siguiente, al despertar, me acerqué al acuario a supervisar la temperatura del agua. No estaba ahí. Cronopio había desaparecido. Cuánto tiempo lograría sobrevivir sin agua. Era imperativo encontrala. Busqué por todos los rincones de la cocina. Detrás del microondas, debajo del mantel, en los cajones. Pudo caer en el cesto de la basura porque estaba muy junto de la barra de la cocina. Busqué entre los desperdicios de fruta, huevo y cáscaras de papas apestosas, sentí cosquillas en la mano y de un salto atrás me alejé tres metros, imaginé una cucaracha, pero no podía dejar inconclusa la búsqueda en el cesto: vacíe el contenido en el piso de la cocina y examiné pedazo por pedazo hasta la última porción. No la encontré. Tal vez el caparazón de Cronopio había estallado al golpear con el piso. Me hinqué y con na linterna apunté hacia los rincones que se formaban detrás de la estufa. El piso estaba lleno de pelusas y casi no podía ver. Busqué detrás y abajo del refrigerador. Era posible que estuviera atorada con un cable o con la tubería del gas. De rodillas, me fui a la sala, porque quizás había avanzado. Abajo de los sillones sólo había juguetes, un zapato, una batería doble a y el bolígrafo que perdí hace tres meses. Pasé horas en la misma postura, recorriendo la sala y la cocina, no busqué arriba porque una tortuga no puede escalar. Pero sí podía rodar por las escaleras hacia el sótano, donde sería imposible encontrarla. De todas formas bajé , miré atrás de las puertas, encontré sólo arañas. Anduve arrastrando muebles, cajas, trapos, discos viejos con el temor de que me saliera un alacrán o una viuda negra y por accidente me picaran. Una telaraña se enredó en mi pelo, manoteé para zafarme. Imaginé una araña encima de mí, sentí comezón en la espalda, piquetes en la pierna.
Han pasado tres días ya y Cronopio no aparece. Mañana saldré de viaje; me voy con la angustia de no haberla encontrado. Para colmo, Renela no se ha movido de una esquina y no sale a comer. Casi no la he visto salir a respirar y cuando meto la mano tampoco se mueve, debe estar triste, es como si fuera viuda. No puedo hacer nada sino esperar. Sólo espero encontrar a Renela viva cuando regrese.
Lo primero que hice al volver a casa fue ir a ver a Renela. Ha sobrevivido pero sigue triste. Compré una tortuga de plástico para que se sienta feliz. Es casi de su mismo tamaño; la encontré un una juguetería cuando comprábamos un rompecabezas para Pablo. Se la puse en su acuario ayer en la mañana. Es del mismo color que Renela. Pero no se mueve y Renela no se le acerca. Una idea terrible se me apareció esta mañana: que Renela podría interpretar uqe la tortuga de plástico es una tortuga muerta porque no se mueve ni come o sale a respirar. Qué pensaría entonces Renela. Si la de plástico es la única tortuga que conoce y ésa esta muerta, entonces puede creer que todas las tortugas de su universo están muriendo y sospechara un destino similar para ella misma. Entonces Renela morirá pronto a consecuencia de esta noción y por imitación de comportamiento. Encima de todo, Renela ha estado muy quiera y al ver a la otra tortuga tan quierta no puede más que imitarle. Pronto mi Renela dejará de respirar.
Corrí a sacar la tortuga de plástico. Luego hice una segunda búsqueda exhaustiva. Como que presentía un Cronopio por los rincones. Los cronopios no desaparecen por completo: no se les ve, no se les tiene pero están allí. Lo que me dolía era que no terminaba, que el círculo no se cerraba, que no había silencio. La incertidumbre, el extravío eran más angustiantes que el conocimiento de una muerte. Pienso en los niños perdido que aparecen en los cartones de leche. Tiene razón aquél que me dijo: alguien debiera decirle a esos padres que su hijo está muerto, por caridad, alguien debía presentarles un cuerpo irreconocible, decirles, ése es su hijo, no lo busque más, ya puede llorar su muerte. Pero la constante espera, la incertidumbre, la duda misma, era insoportable. Al menos muerta pero debo encontrar a Cronopio. No sé si debiera comprar otra tortuga, pero temo perderla también. Además no podría llamarla Cronopio, porque ni siquiera sé si Cronopio vive. No podría resolver porque Cronopio es en sí un enigma. No podría llamar a otra tortuga Cronopio pues qué pasaría si el primer Cronopio apareciera. Además quizá al llamar así a una segunda tortuga estaría condenándola a un destino ya marcado, como el del primer Cronopio, entonces la segunda se perdería igual que la primera, yo compraría un tercer Cronopio y esto sería una carrera infinita. Pronto estaríamos llenos de Cronopios extraviados, cientos de Cronopios emergerían de la alfombra, de la basura, del excusado, nunca podríamos saber al encontrarlos qué número de Cronopio encontramos y por eso en realidad ningún Cronopio sería encontrado jamás. Tal vez el error fue precisamente llamarla Cronopio. Hasta donde recuerdo los cronopios eran seres rebeldes, desordenados. Así son los cronopios. Yo le di el nombre. Sin tan sólo hubiera dejado a un lado mis pretensiones literarias y la hubiera nombrado sencillamente Tortuga, nada de esto ocurriría. Pero quise llamarla Cronopio y no sólo eso, sino que en el fondo soñaba con que su pequeña cantidad de materia hiciera tangible la esencia del cronopio. Y ahora es cierto: se ha materializado o mejor dicho antimaterializado en cronopio.
Para entender lo que está pasando, anoche releí a Cortázar. Nunca me hubiera sospechado cuánto me ha traicionado el inconsciente pues no recordaba que decía "Los cronopios vinieron furtivamente, esos objetos verdes y húmedos". Y más adelante: "Si todavía los cronopios (esos verdes, erizados, húmedos objetos) / anduvieran por las calles, se podría evitarlos / con un saludo: —Buenas salenas cronopios cronopios". Entonces supe; supe cúan equivocado estaba. Era evidente que el Cronopio se iría, que el Cronopio sería todo tristeza verde. Luego sigue "Yo tengo n reloj con menos vida, con menos casa y menos acostarme, y soy un cronopio desdichado y húmedo". Si tan sólo le hubiera puesto Fama, además de ser femenino, porque también dice"Los cronopios, en cambio, esos seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos, y ellos andan en medio y cuando pasa corriendo uno, lo acarician con suavidad y le dicen: 'No vayas a lastimarte', y también: 'Cuidado con los escalones' ". Y precisamente eso es lo que he encontrado y lo que molesta como cuchillo de palo: el cronopio no se va de cierto, no acaba de irse, se queda transparente y ahueca el alma. Lo busco por los rincones para que me susurre al oído y diga que sigue verde. Pienso en las madres que se vuelven locas cuando pierden un hijo. Insisto en que al extravío es peor que la noción de muerte. El extravío se contagia.
Han pasado tres meses ya. Anoche tuve una idea cuando le conté a Guillermo la historia de Cronopio. Y entonces él, para compartir, contó la historia de Humphry y cómo después de perdido por seis meses apareció. Él hizo lo mismo en un periódico de circulación nacional y le funcionó, a mí también podría darme resultado. Hice veinte letreros diminutos que dicen: "Se busca objeto verde y húmedo de cinco centímetros, responde al nombre de Cronopio, se dará recompensa en especie: queso, carne, pan, etc." Los coloqué por toda la casa, en los rincones más visitados por los bichos. Olvidé incluir a las arañas, pero ya estoy escribiendo uno que dice: "También se darán moscas".
Yo busco en sueños extraviados por callejones oníricos que desconozco. Casi siempre en ellos huelo cosas verdes como algas, cosidad verde y húmeda que nunca alcanzo. Pero de día es peor porque la cosidad la tengo por dentro. Algunos insectos devoran una parte de su prole para asegurar la supervivencia de los otros. Me pregunto si es posible que me haya tragado a Cronopio y ahora mismo está siendo parte de mis pulmones y de la queratina de mis uñas. Hablamos de un quelonio, de un reptil. Somos parte reptil y parte mantis religiosa. Somos Cronopio, cosidad verde y húmeda. "No vayas a lastimarte." "Cuidado con los escalones."
5.23.2010
De la Efímera Victoria al Desmembramiento
TROFEISMOS: De la Efímera Victoria al Desmembramiento
Por Carmen Rioja
“El suicida esfuerzo de todas las cosas por perder su identidad, el derrumbe de lo erguido, el desvencijamiento de las formas, la ceniza del fuego.”
Amado Alonso
En la reciente exposición de la obra de la escultora contemporánea Laura Begoña encontramos una pieza que merece nuestra reflexión. La obra consiste en un ejercicio de Objeto Encontrado, a la manera de Marcel Duchamp. Esta pieza forma parte dentro de una colección de trofeos desvaídos, que la artista rescató de los basureros, como arqueóloga de lo inmediato. Llama la atención una de sus obras, en la cual Begoña establece una provocación mediante la repetición de figuras de “La Victoria”, inspiradas en la tradición griega de la diosa de la victoria Niké, una diosa alada y con el don de la velocidad. Una de las más conocidas representaciones de Niké es La Victoria Alada de Samotracia. Begoña forma una composición de Victorias aladas con brazos triunfantes; algunas sostienen corona de laureles. Estas figuras, enmarcadas en conjunto, están fundidas en metal y van desde una manufactura de interesante calidad, pasando por algunas que son sin duda copias de copias burdas de viejos trofeos, hasta las figurillas ya erosionadas o desmembradas en las que se adivina una época de mayor esplendor pero que ha quedado en el pasado. En esta obra el tema ineludible de la victoria -aunado al visible deterioro que el tiempo ha causado en ellas- obliga a varios cuestionamientos. ¿A dónde va a dar la gloria del ganador después de tanto esmero y paciente dedicación? Años de lucha y tenacidad son coronados en un efímero instante con un trofeo de estética aleatoria y material dudoso. Hay una enorme industria del trofeo de modo que estos objetos tienen un destino de tragedia griega. Tarde o temprano el trofeo, -después de ser objeto de deseo-, será devaluado por completo y no habrá victoria que sobreviva ni ganador que no acabe olvidado y desmembrado de su propio triunfo. Fuera del ámbito de las Olimpiadas y competencias nacionales, en el mundo genérico, los trofeos son de fierro, de aluminio, de antimomio y hasta de plástico y son una imitación del oro que en la mayoría de los casos es burda y desafortunada; encima, como puntualmente los llama la artista, son Tro-feismos si no es que trofeísimos y difícilmente reflejan la consumación de un logro que ha sido tan caro para aquél que lleva años de competencia consigo mismo, en una lucha por superar una marca en el desarrollo del ser humano. Sólo los triunfadores máximos se llevan el auténtico oro. Irónicamente ni los medallistas olímpicos son inmunes al desvencijamiento de todas las cosas; debido a que estos trofeos están hechos de metales con algún valor comercial acaban en centros de reciclaje. Laura Begoña ha sacado de contexto estos objetos y los presenta a manera de una reflexión interesante. El mercado es despiadado y la victoria termina en el basurero, de donde la artista ha hecho el hallazgo de estos desmembrados de la sociedad. En esta sociedad no hay duda de que ahí van a dar los campeones futbolistas cuando son viejos, los triunfadores irremediablemente caídos, no por demérito sino por acción implacable de tiempo, del olvido.
Quizás haya que reciciclar, además del antimonio, el aluminio, el bronce, también los laureles de la victoria, los brazos del tenista, las piernas de los futbolistas y las cabezas de los estudiantes meritorios.
5.12.2010
la Soledad en la Obra de Donny Johnson: Un artista en aislamiento



La soledad en la obra de Donny Johnson: Un artista en aislamiento
Por Carmen Rioja
La obra de Donny Johnson, desde sus inicios hasta sus más recientes pinturas, mantiene una constante difícil de lograr para cualquier artista: la autenticidad. Aunque Johnson es admirador de Van Gogh, estudioso de Carl Jung y se considera un artista dentro de la corriente del arte abstracto americano y del expresionismo, lo cierto es que sus influencias han sido muy sutiles y están limitadas a las imágenes que guarda en su memoria; hace casi tres décadas que no tiene contacto con el mundo, no puede recibir revistas, ni libros y no ha tocado a otro humano en absoluto.
El asilamiento extremo en el que vive desde hace 25 años en la prisión estatal Pelican Bay de California, en una celda de extrema seguridad llamada SHU (security housing unit), entre 4 muros de hormigón sólido y sin ventanas le han imposibilitado para aprender técnicas tradicionales de pintura, incluso para utilizar materiales de arte convencionales. En la obra Primal Unity podríamos adivinar un autorretrato a vista de pájaro: es un círculo dentro de un rectángulo contrastados con toda la fuerza del color. Los objetos están luchando por el espacio: hay en esta obra un conflicto entre las formas simbólicas, reafirmado por el color, que producen una tensión en el espectador. En su discurso plástico encontramos que se repite el tema de SHU, y se repiten los círculos concéntricos como una clara evocación de Jung y su teoría de mandalas. Estas obras recuerdan el trabajo de Kenneth Nolan, quien cuando conoció la obra de Johnson se refirió a él como un artista muy talentoso. Pero Donny Johnson lleva sus representaciones a niveles aún más profundos: los círculos son de colores que vibran y la línea del dibujo también está llena de movimiento, además sus texturas imprimen una fuerza hipnotizante.
Hay en su obra títulos que refieren al mundo de los arquetipos, símbolos de mitos y referencias al caos, cosmogonía y paisaje, así como la representación del reducido espacio que habita. Él declaró “Amo el mito, el caos y el espacio”. En la obra Sin título 2, podemos ver un horizonte negro y un cielo rojo, una resonancia de las técnicas de abstracción de Mark Rothko. En Hike, de textura pesada y amarillo intenso, vemos una influencia del dibujo de De Kooning. Hay otra obra en la que podríamos imaginar el gemelo de un Jackson Pollock; sin que esto signifique que está evocando la obra de Pollock porque en realidad lo que vemos es caligrafía personal, el movimiento rítmico del pincel sobre el papel como una danza o como un latido.
Johnson ha tenido que ser un artista desde la creación de su materia prima, pues en su condena a las mazmorras no se le permite recibir pinceles, pinturas, lienzos o cualquier otro utensilio, sólo tubos de plástico con tinta de bolígrafo y sin punta. Así fue como Donny desarrolló al máximo las posibilidades de utilización de los recursos con que cuenta: su comida, los asientos del café, las fibras de su ropa; y descubrió que los pigmentos de colores que recubren los dulces m&m´s podían ser separados del chocolate si reposaban en agua. Además para dar texturas usa el chocolate, Kool-aid, pimienta, cáscaras de huevo y hace pinceles con su propio pelo. Con el apoyo del Dr. Kurtz, Donny Johnson ha realizado ya tres exposiciones en su vida, todas en San Miguel de Allende en Galería Yam. El éxito de estas primeras exposiciones ha sido notable; su obra alcanzó reseñas en primera plana de los periódicos New York Times y Der Spiegel. Se puede ver a través de la cronología de sus exposiciones una evolución en la forma, en la composición, en el uso del color y la combinación vibrante que logra en sus pinturas, una cosmología concentrada siempre en formatos tamaño postal –porque ese es el único tamaño que se permite en la prisión de Pelican Bay. Para Johnson la composición es un fuerte acento, quizás porque está acostumbrado a los límites del espacio.
El aislamiento sensorial (sensory deprivation) le condujo a desarrollar sus sentidos a extremos que pocos tenemos la capacidad de comprender. Las declaraciones que Johnson ha hecho sobre su forma de sentir el color nos pueden dar una idea de su percepción: “Yo vuelvo a vivir a través del rojo y del azul, veo el cielo en amarillo y anaranjado, echo raíces en la profundidad de los verdes. El Negro es un punto de exclamación que muere en el corazón del arcoiris. Siento que he descubierto el secreto sagrado del color”
Su obra es síntesis y explosión de color, símbolo y a la vez signo porque expresa lo que es auténticamente desde la materia. Johnson no imita; sus imágenes –si bien se ayudan de los símbolos– son auténticas porque vienen de un lugar muy íntimo; evocan el mito, el origen, la naturaleza del ser. “El arte abstracto es una síntesis simple de una idea muy compleja” dijo Mark Rothko. En la obra de Johnson habla todo su ser, pues es su único medio de comunicación con el mundo. Así en la obra Primal Unity, el círculo no es sólo símbolo sino que es signo, es Johnson mismo y somos cada uno de nosotros en aislamiento.
*Para ver las obras de la exposición actual de Donny Johnson mencionadas en este artículo pulse en el siguiente enlace:
http://www.kalendarte.com/artprint/yamexpo/donaldjh.html
http://www.donnyjohnson.net/album/index.html
http://www.nytimes.com/packages/khtml/2006/07/20/us/20060721_ARTIST_FEATURE.html
La obra de Donny Johnson, desde sus inicios hasta sus más recientes pinturas, mantiene una constante difícil de lograr para cualquier artista: la autenticidad. Aunque Johnson es admirador de Van Gogh, estudioso de Carl Jung y se considera un artista dentro de la corriente del arte abstracto americano y del expresionismo, lo cierto es que sus influencias han sido muy sutiles y están limitadas a las imágenes que guarda en su memoria; hace casi tres décadas que no tiene contacto con el mundo, no puede recibir revistas, ni libros y no ha tocado a otro humano en absoluto.
El asilamiento extremo en el que vive desde hace 25 años en la prisión estatal Pelican Bay de California, en una celda de extrema seguridad llamada SHU (security housing unit), entre 4 muros de hormigón sólido y sin ventanas le han imposibilitado para aprender técnicas tradicionales de pintura, incluso para utilizar materiales de arte convencionales. En la obra Primal Unity podríamos adivinar un autorretrato a vista de pájaro: es un círculo dentro de un rectángulo contrastados con toda la fuerza del color. Los objetos están luchando por el espacio: hay en esta obra un conflicto entre las formas simbólicas, reafirmado por el color, que producen una tensión en el espectador. En su discurso plástico encontramos que se repite el tema de SHU, y se repiten los círculos concéntricos como una clara evocación de Jung y su teoría de mandalas. Estas obras recuerdan el trabajo de Kenneth Nolan, quien cuando conoció la obra de Johnson se refirió a él como un artista muy talentoso. Pero Donny Johnson lleva sus representaciones a niveles aún más profundos: los círculos son de colores que vibran y la línea del dibujo también está llena de movimiento, además sus texturas imprimen una fuerza hipnotizante.
Hay en su obra títulos que refieren al mundo de los arquetipos, símbolos de mitos y referencias al caos, cosmogonía y paisaje, así como la representación del reducido espacio que habita. Él declaró “Amo el mito, el caos y el espacio”. En la obra Sin título 2, podemos ver un horizonte negro y un cielo rojo, una resonancia de las técnicas de abstracción de Mark Rothko. En Hike, de textura pesada y amarillo intenso, vemos una influencia del dibujo de De Kooning. Hay otra obra en la que podríamos imaginar el gemelo de un Jackson Pollock; sin que esto signifique que está evocando la obra de Pollock porque en realidad lo que vemos es caligrafía personal, el movimiento rítmico del pincel sobre el papel como una danza o como un latido.
Johnson ha tenido que ser un artista desde la creación de su materia prima, pues en su condena a las mazmorras no se le permite recibir pinceles, pinturas, lienzos o cualquier otro utensilio, sólo tubos de plástico con tinta de bolígrafo y sin punta. Así fue como Donny desarrolló al máximo las posibilidades de utilización de los recursos con que cuenta: su comida, los asientos del café, las fibras de su ropa; y descubrió que los pigmentos de colores que recubren los dulces m&m´s podían ser separados del chocolate si reposaban en agua. Además para dar texturas usa el chocolate, Kool-aid, pimienta, cáscaras de huevo y hace pinceles con su propio pelo. Con el apoyo del Dr. Kurtz, Donny Johnson ha realizado ya tres exposiciones en su vida, todas en San Miguel de Allende en Galería Yam. El éxito de estas primeras exposiciones ha sido notable; su obra alcanzó reseñas en primera plana de los periódicos New York Times y Der Spiegel. Se puede ver a través de la cronología de sus exposiciones una evolución en la forma, en la composición, en el uso del color y la combinación vibrante que logra en sus pinturas, una cosmología concentrada siempre en formatos tamaño postal –porque ese es el único tamaño que se permite en la prisión de Pelican Bay. Para Johnson la composición es un fuerte acento, quizás porque está acostumbrado a los límites del espacio.
El aislamiento sensorial (sensory deprivation) le condujo a desarrollar sus sentidos a extremos que pocos tenemos la capacidad de comprender. Las declaraciones que Johnson ha hecho sobre su forma de sentir el color nos pueden dar una idea de su percepción: “Yo vuelvo a vivir a través del rojo y del azul, veo el cielo en amarillo y anaranjado, echo raíces en la profundidad de los verdes. El Negro es un punto de exclamación que muere en el corazón del arcoiris. Siento que he descubierto el secreto sagrado del color”
Su obra es síntesis y explosión de color, símbolo y a la vez signo porque expresa lo que es auténticamente desde la materia. Johnson no imita; sus imágenes –si bien se ayudan de los símbolos– son auténticas porque vienen de un lugar muy íntimo; evocan el mito, el origen, la naturaleza del ser. “El arte abstracto es una síntesis simple de una idea muy compleja” dijo Mark Rothko. En la obra de Johnson habla todo su ser, pues es su único medio de comunicación con el mundo. Así en la obra Primal Unity, el círculo no es sólo símbolo sino que es signo, es Johnson mismo y somos cada uno de nosotros en aislamiento.
*Para ver las obras de la exposición actual de Donny Johnson mencionadas en este artículo pulse en el siguiente enlace:
http://www.kalendarte.com/artprint/yamexpo/donaldjh.html
http://www.donnyjohnson.net/album/index.html
http://www.nytimes.com/packages/khtml/2006/07/20/us/20060721_ARTIST_FEATURE.html
La metéfora en la pintura de Guillermo Arreola

Metáfora en la pintura de Guillermo Arreola
Por Carmen Rioja
“Las piedras jamás paloma / ¡qué van a saber de amores!”
Tomás Méndez en Cucurucucú Paloma (Canción ranchera)
Heidegger dice que a las significaciones les brotan palabras1, pero en la pintura de Guillermo Arreola las palabras se resisten. Las imágenes que se materializaron en el cuerpo de trabajo de la exposición No Volveré existieron mucho antes que sus significaciones y es por esto que hay que sacarles las palabras con tirabuzones. Mientras contemplo esta exposición itinerante recuerdo algo muy cierto que dijo Juan Villoro: los cuentos no quieren ser contados; y como una analogía podríamos decir que hay significados que no quieren ser revelados. Hay imágenes en los óleos de Guillermo Arreola que reposaban en el lecho del inconsciente y que sólo a través de su exhaustivo ejercicio de introspección y de autoexposición ha logrado traer a lo manifiesto para que después podamos apostar por un significado. Aunque apostar aquí por palabras no es del todo necesario.
De este carácter huidizo e inasible es ejemplo la pintura “Las piedras, jamás”. En ella se revelan significados para los que las palabras parecen no maleables. Hay un conflicto que ha sido sorprendido en el acto: en esta pintura vemos el retrato de la imagen en el instante mismo en que la imagen emerge a fuerza de presión. Y aún vemos el clímax: la imagen que tiende a desaparecer, se debate entre revelarse groseramente –en un expresionismo figurativo crudo– o sumergirse definitivamente en lo abstracto.
“Las piedras, jamás” es un óleo en el que un hombre flota en decúbito lateral, pero sólo alcanzamos a ver medio rostro, un ojo ciclópeo. Apenas comprendemos media mirada y ella se dispara hacia el espectador. No sabemos si emerge o se hunde; las pinceladas horizontales de texturas violentas se van difuminando; cubren la mitad inferior del rostro sugiriendo agua de río por sus colores claros, azules y grises en movimiento siempre veloz. El brazo izquierdo de este personaje sobresale de la superficie de agua y se encuentra flexionado sobre el pecho. La mano se insinúa dibujada a la altura del corazón.
Hay dos elementos de alto tono en esta composición que ineludiblemente el espectador se ve obligado a conjugar internamente. El primero es la mirada que está acentuada por cejas pobladas de oscuros brochazos; quien conozca a Arreola sabrá que su mirada es la de un poeta incansable que mira más de lo que muchos podemos, quisiéramos ver, o nos sentimos cómodos con ver, y que sus gruesas cejas son apenas la sombrilla necesaria para las pupilas. Un descanso de la luz cegadora emitida por todas las cosas de este mundo. El segundo elemento son los rojos y carnosos labios llenos de vida, fuerza creadora del eros, rodeados por una barba oscura y muy cerrada. Este negro contra rojo sobresale de la claridad y sutileza del fondo de agua gris azulada, nada explosivo y sin embargo violento en su velocidad. No vemos nada más de la figura de este hombre sino aquello para lo que aún no hemos inventado nombres y que está bajo el agua o bajo niebla y en el aire. El título de este óleo es un tanto críptico. Que aunque bien podríamos preguntar al pintor por la razón y significado de estas palabras, me aventuro a reclamar el derecho de la obra de ser autónoma y de ofrecer otros significados per se, aún aquéllos que el autor no había contemplado. Imaginemos por ejemplo la teoría de Heidegger que dice que el ser puede también manifestarse como lo que no es. ¿Qué es y qué no es “Las piedras, jamás”? Es mirada acentuada y labios rojos que emergen enmarcados por una negra barba.
Quisiera aventurarme más allá y decir que Arreola, al estar adscrito a la cultura mexicana, hubo de asumir que a partir de este título, habría una resonancia directa con el verso de la popular canción ranchera Cucurrucucú Paloma: “Dicen que por las noches nomás se le iba en puro llorar / dicen que no dormía nomás se le iba en puro tomar / dicen que el mismo cielo se estremecía al oír su llanto / cómo sufrió por ella que hasta en la muerte la fue llamando / Cucurrucucú, paloma, cucurrucucú, no llores / Las piedras jamás paloma / qué van a saber de amores/”2 El tono de la canción hace congruencia con la emotividad contenida en la pintura. En su blog, Guillermo incluye un diálogo poético acerca de una piedra y cómo las piedras son pensamientos que están en el fondo: “Que sólo había estado sacando las piedras de su memoria, había estado escombrando y había vuelto de allá, con piedras, las piedras de mi memoria, las piedras de mi pensamiento, dijo.” 3
Las piedras de las que trata esta obra no pueden flotar o no quieren, son piedras jamás inasibles. ¿Qué significa toda esta agua? Quizás un río, quizás las piedras del fondo que no vemos: Las piedras, jamás.
1 Martin Heidegger, 34, El Ser y El Tiempo, [1927], Traduc. José Gaos, FCE, 1944; Ed. Planeta-Agostini, España, 1993, P 180.
2 Tomás Méndez, Cucurrucucú Paloma; 1954, Canción ranchera.
3 Guillermo Arreola, 5 de marzo 2010,, visitado en abril 2010.
Por Carmen Rioja
“Las piedras jamás paloma / ¡qué van a saber de amores!”
Tomás Méndez en Cucurucucú Paloma (Canción ranchera)
Heidegger dice que a las significaciones les brotan palabras1, pero en la pintura de Guillermo Arreola las palabras se resisten. Las imágenes que se materializaron en el cuerpo de trabajo de la exposición No Volveré existieron mucho antes que sus significaciones y es por esto que hay que sacarles las palabras con tirabuzones. Mientras contemplo esta exposición itinerante recuerdo algo muy cierto que dijo Juan Villoro: los cuentos no quieren ser contados; y como una analogía podríamos decir que hay significados que no quieren ser revelados. Hay imágenes en los óleos de Guillermo Arreola que reposaban en el lecho del inconsciente y que sólo a través de su exhaustivo ejercicio de introspección y de autoexposición ha logrado traer a lo manifiesto para que después podamos apostar por un significado. Aunque apostar aquí por palabras no es del todo necesario.
De este carácter huidizo e inasible es ejemplo la pintura “Las piedras, jamás”. En ella se revelan significados para los que las palabras parecen no maleables. Hay un conflicto que ha sido sorprendido en el acto: en esta pintura vemos el retrato de la imagen en el instante mismo en que la imagen emerge a fuerza de presión. Y aún vemos el clímax: la imagen que tiende a desaparecer, se debate entre revelarse groseramente –en un expresionismo figurativo crudo– o sumergirse definitivamente en lo abstracto.
“Las piedras, jamás” es un óleo en el que un hombre flota en decúbito lateral, pero sólo alcanzamos a ver medio rostro, un ojo ciclópeo. Apenas comprendemos media mirada y ella se dispara hacia el espectador. No sabemos si emerge o se hunde; las pinceladas horizontales de texturas violentas se van difuminando; cubren la mitad inferior del rostro sugiriendo agua de río por sus colores claros, azules y grises en movimiento siempre veloz. El brazo izquierdo de este personaje sobresale de la superficie de agua y se encuentra flexionado sobre el pecho. La mano se insinúa dibujada a la altura del corazón.
Hay dos elementos de alto tono en esta composición que ineludiblemente el espectador se ve obligado a conjugar internamente. El primero es la mirada que está acentuada por cejas pobladas de oscuros brochazos; quien conozca a Arreola sabrá que su mirada es la de un poeta incansable que mira más de lo que muchos podemos, quisiéramos ver, o nos sentimos cómodos con ver, y que sus gruesas cejas son apenas la sombrilla necesaria para las pupilas. Un descanso de la luz cegadora emitida por todas las cosas de este mundo. El segundo elemento son los rojos y carnosos labios llenos de vida, fuerza creadora del eros, rodeados por una barba oscura y muy cerrada. Este negro contra rojo sobresale de la claridad y sutileza del fondo de agua gris azulada, nada explosivo y sin embargo violento en su velocidad. No vemos nada más de la figura de este hombre sino aquello para lo que aún no hemos inventado nombres y que está bajo el agua o bajo niebla y en el aire. El título de este óleo es un tanto críptico. Que aunque bien podríamos preguntar al pintor por la razón y significado de estas palabras, me aventuro a reclamar el derecho de la obra de ser autónoma y de ofrecer otros significados per se, aún aquéllos que el autor no había contemplado. Imaginemos por ejemplo la teoría de Heidegger que dice que el ser puede también manifestarse como lo que no es. ¿Qué es y qué no es “Las piedras, jamás”? Es mirada acentuada y labios rojos que emergen enmarcados por una negra barba.
Quisiera aventurarme más allá y decir que Arreola, al estar adscrito a la cultura mexicana, hubo de asumir que a partir de este título, habría una resonancia directa con el verso de la popular canción ranchera Cucurrucucú Paloma: “Dicen que por las noches nomás se le iba en puro llorar / dicen que no dormía nomás se le iba en puro tomar / dicen que el mismo cielo se estremecía al oír su llanto / cómo sufrió por ella que hasta en la muerte la fue llamando / Cucurrucucú, paloma, cucurrucucú, no llores / Las piedras jamás paloma / qué van a saber de amores/”2 El tono de la canción hace congruencia con la emotividad contenida en la pintura. En su blog, Guillermo incluye un diálogo poético acerca de una piedra y cómo las piedras son pensamientos que están en el fondo: “Que sólo había estado sacando las piedras de su memoria, había estado escombrando y había vuelto de allá, con piedras, las piedras de mi memoria, las piedras de mi pensamiento, dijo.” 3
Las piedras de las que trata esta obra no pueden flotar o no quieren, son piedras jamás inasibles. ¿Qué significa toda esta agua? Quizás un río, quizás las piedras del fondo que no vemos: Las piedras, jamás.
1 Martin Heidegger, 34, El Ser y El Tiempo, [1927], Traduc. José Gaos, FCE, 1944; Ed. Planeta-Agostini, España, 1993, P 180.
2 Tomás Méndez, Cucurrucucú Paloma; 1954, Canción ranchera.
3 Guillermo Arreola, 5 de marzo 2010,
Profundidad y reflejo en los murales de Monet
Profundidad y reflejo en los Murales de Monet
Por
Carmen Rioja
El pintor
impresionista francés Claude Monet realizó, hacia el final de su vida, un mural
de tres piezas o tríptico titulado Water Lilies (Lirios de Agua ó Nenúfares) en
técnica de óleo sobre tela. Cada uno de los tres segmentos mide 2 metros de
alto por 4.2 de ancho. La obra en su totalidad tiene una longitud de 12 metros
por lo que para apreciar la obra a detalle hay que caminar a su lado algunos
pasos y así recorrer la marcada horizontalidad de su formato. Monet exploró
incansablemente el tema de la obra: un estanque de agua con una gran variedad
de follajes entre los que destacan las hojas flotantes circulares de los lirios
de agua conocidos como nenúfares. La superficie del agua y el follaje en ella
llenan la totalidad de la composición; se trata de un estanque de aguas
tranquilas en el que sólo apreciamos el cielo de forma indirecta reflejado en
el espejo de la superficie, las nubes se confunden con los resplandecientes
reflejos de la luz del día. Los nenúfares de esta pintura presentan variedades
con flores de tonalidades blancas, rosas y amarillas. Se adivinan algunos otros
follajes a las orillas, quizás se trata de las ramas colgantes de un sauce
llorón. La imagen reflejada presenta el suave movimiento de sutiles oleajes
como sólo pueden ser provocados por una brisa casi imperceptible que luego se
magnifica en el agua. La luz multiplicada por el reflejo del agua ha sido
representada con una variación infinita de matices en la que la temperatura de
los colores juega así mismo en oleajes que van de los verdes y azules a los
violetas rosas y blancos. Los colores matizados están aplicados con brocha casi
seca uno sobre otro formando multiplicidad de capas, veladuras y transparencias
que parecen jugar con la percepción del ojo humano. El juego de contrastes por
valores que van desde el verde profundo casi negro, hasta el blanco le da una
profundidad inusitada a las aguas oscuras en las que se intuye un fondo de
limo. A medida que nos movemos frente a este estanque, pareciera que estamos
flotando encima de la superficie y es el movimiento el que nos permite ir
descubriendo el misterio de las capas: lo que revelan y lo que cubren está en
constante cambio según la posición del espectador, creando así en un golpe de
instante, la paradoja de esta imagen: la luz y su reflejo fragmentada cientos
de veces en la insospechada oscuridad profunda del estanque.
Claude Monet. Water Lilies. c.1920.
Para ver
una imagen panorámica de esta obra pulse en este enlace:
Claude Monet.
(French, 1840-1926)
Water Lilies
1914-26
Bibliography:
Oil on canvas, triptych, each section 6'6" x
14" (200 x 425 cm).
The Museum of Modern Art, New York. Mrs. Simon
Guggenheim Fund.
Photograph ©1997 The Museum of Modern Art, New York,
by Kate Keller/Erik Landsberg
This site contains text excerpted from Unveiling Monet
by Christopher Lyon (Former Editor of MoMA
magazine), published in the Spring 1991 issue of MoMA,
No. 7.
Source: Oxford University Press
© 2009 Oxford University Press
Paraísos Elementales:
Un acento sobre la fugacidad de la vida en sus más pequeñas dimensiones
Por Carmen Rioja
En la ciudad de San Miguel de Allende, Gto. recién se inauguró la exposición Paraísos Elementales del pintor segoviano Luis Moro, albergada en el centro cultural Ignacio Ramírez “El Nigromante” del Instituto Nacional de Bellas Artes. Esta exposición itinerante, organizada por el Centro Cultural España, ha circulado ya por varios museos como el Palacio Clavijero de Morelia, el Museo de Bellas Artes de Querétaro y nos llega a San Miguel en colaboración con la Galería Florencia Riestra para después viajar a Mérida y exhibirse en el Museo Macay.
Con una temática ambientalista centrada en los seres diminutos del planeta como escarabajos, avispas, peces y mosquitos, vemos el fuerte compromiso moral de este artista por despertar consciencia en el tema ecologista y de protección ambiental. Me parece admirable que haya quien se procupe por señalar la fragilidad de los más pequeños del planeta, no por esto eslabones menos valiosos en el ciclo de la vida e indispensables en la delicada cadena que forma el equilibrio ambiental.
La trayectoria de Luis Moro es muy destacada y ha llegado a posicionarse en España como uno de los más importantes grabadores y pintores; su obra ha merecido exposiciones individuales y colectivas en importantes galerías de Madrid, así como en Francia, Italia, Bélgica, República Checa, Portugal y ahora en México. Su obra ha participado en exposiciones colectivas en Nueva York, La Habana, Toronto, Colonia, Hong Kong, entre otras ciudades.
La obra plástica en Paraísos Elementales se destaca por composiciones muy cuidadas en las que el sujeto de la obra aparece flotando sobre el fondo blanco del soporte, generalmente de madera o tela. Con esta cualidad de flotar rodeadas de vasto espacio, el énfasis va dirigido con gran solidez focal al sujeto de la obra y como resultado el dibujo puede ser apreciado de manera contundente. Bajo esta luz apreciamos la perfección de las nervaduras en las alas de la avispa, el diseño equilibrado del caparazón del escarabajo, la suavidad que evoca el capullo de mariposa o la cualidad etérea de la cola de un pez naranja. Pero siempre bajo la distorsión de la destrucción, como sucede en una magnífica pintura en la que vemos la caída inminente de un insecto en llamas, de la que sólo podemos ver la estructura de las alas y las llamas de fuego.
En algunas obras, Moro realizó un realce tridiminesional, montando el dibujo sobre una segunda lámina de madera recortada con precisión al perímetro del dibujo y creando así un bajo relieve. Mucho mayor sería el impacto de la obra de Luis Moro y de gran valor estético si cuidara la manufactura prescindiendo de la ténica de infografía de la cual por el momento apoya la mayoría de sus dibujos. A distancia podría pasar inadvertido pero, cuando se observa cuidadosamente, la impresión láser del dibujo base se deja ver por el reflejo de la luz en el plastificado y por el grano abierto de la impresión sobre tela. Aunque este truco es muy útil para pintar sobre la foto de un dibujo de gran calidad, sería muy apreciable que el dibujo estuviera realizado a mano alzada, lo cual sin duda sería posible, ya que conocemos que el dibujo de Luis Moro es impecable y siempre ha sido reconocido como un excelente grabador. Lo más probable es que la fuente de las infografías sean los propios dibujos de Moro, a menor escala, sólo que este hecho no le aporta a estas obras en particular la calidad en manufactura que esperaríamos ver. Sin embrago Luis Moro no intenta engañar a nadie, puesto que en las propias cédulas de cada obra vemos que la técnica ha sido expuesta como “infografía, técnica mixta sobre tela”. En otros casos, vemos “óleo sobre masonite”, o sólo “técnica mixta sobre tela”. De cualquier modo las texturas logradas con óleos sobre la tela son muy afortunadas, la pincelada veloz y fugaz de Moro ayuda a crear el efecto del movimiento de los insectos, pero sobre todo, es afortunada porque crea un acento sobre la fugacidad de las cosas y la velociodad con que la vida pasa cuando la destrucción proviene de la interacción del hombre con el planeta.
Sin duda es es muy recomendable visitar Paraísos Elementales y llevar a niños y grandes. La exhibición tendrá puertas abiertas al público del 16 de abril hasta el 30 de mayo.
San Miguel de Allende, Gto. México
4 de mayo, 2010.
Fuentes: http://www.luis-moro.com/cv.html
Foto: Carmen Rioja
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